Gaétan KABASHA

charla con los cazadores de elefantes

Hoy es el domingo 18 de abril de 2010. Hemos celebrado bien la misa de la tercera semana se pascua. Por la tarde, hemos tenido un encuentro de los jóvenes para organizar alguna excursión, algo inaudito aquí. De repente, todo el mundo preguntaba lo que significa "pic nic". A ver si llegamos a enseñárselos. Hacia las cuatro de la tarde, el obispo Aguirre pasó por nuestra misión proviniendo de la misión de Nzacko donde ha pasado cuatro días de visita pastoral. Hemos tenido un pequeño tiempo de intercambio de opiniones sobre algunos problemas de la diócesis.

Durante la semana, hemos podido disponer del camión de la diócesis para los trabajos del puente Ginigo que no se acaba. Evidentemente, una semana no ha sido suficiente para llenar todos los agujeros que hay en el puente. En este momento, nadie sabe cómo vamos a hacer para acabar este puente que al final tiene casi ochenta metros de longitud y seis de altura.

El miércoles pasado, el padre Max y yo fuimos al puente a supervisar los trabajos. Vimos como todo iba evolucionando poco a poco. Hacia mediodía, vinieron a decirnos que los guerrilleros llamados "braconiers" estaban cerca del poblado de Ginigo a unos cien metros en la selva. Esos son hombres armados que vienen del Sudan a más o menos ocho seiscientos kilómetros de distancia, cruzan la selva en busca de elefantes de Centroáfrica. Son reyes de la selva. Nadie les toca y nadie les impide hacer lo que quieren. Están armados hasta los dientes. Cuando llegan en la zona de elefantes como la nuestra, se instalan, hacen un campamento y empiezan la matanza indiscriminada de esta especie protegida. Cuando tienen hambre, se acercan al poblado próximo y intercambian carne contra los alimentos o los productos como azúcar o sal. Este miércoles, se habían acercado al poblado de Ginigo. El padre Max tuvo su coraje para ir a su encuentro y conocerlos. Cogió a un intérprete que habla árabe y se acercó a la selva. Nada más verlo, los braconiers se pusieron nerviosos, listos para disparar porque pensaban que Max era militar. Luego se les explicó que es cura y que no lleva armas ni tiene intención de luchar contra nadie. Pudo hablar un poco con ellos. Fue una hazaña de parte de ese cura joven.

El sábado pasado, pudimos clausurar la famosa formación de los formadores. En lugar de un mes, hemos resumido todo en dos semanas enteras. Entregamos los certificados a unos veinte personas que irán a transmitir la alfabetización en sus poblados. A ver si llegamos a tener medios suficientes para abrir los centros de alfabetización en cada poblado. Contamos con la generosidad de todos.

En todo amor. Gaetan

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