Gaétan KABASHA

aventuras sin parar

14 de septiembre de 2010: aventuras sin parar

Creo que ahora estamos en un momento de tranquilidad después de una cierta turbulencia con el grupito armado que molestaba a todo el mundo en la zona. Se han alejado de nosotros. Ahora estoy en Bangassou donde he venido acompañar a los profesores de nuestra escuela san Andrés en un encuentro de formación de todos los profesores de la enseñanza católica.

Ha habido muchos acontecimientos durante la última semana. Después de clausura casi los trabajos del campo de baloncesto que ahora es utilizable, decidí ir a visitar los huertos de algunos de mis cristianos. Mis cristianos cultivan muy lejos de sus hogares y muchas veces tienen problemas para llegar a la parroquia a los encuentros o a la misa. Entonces decidí ir a los huertos situados más allá de un famoso río que se llama Nakando. Nunca había estado porque todo el mundo me desanimaba diciendo que no era yo capaz de atravesar ese río andando. El río se sitúa a siete kilómetros de la parroquia. Me fui con la moto acompañado de un joven de la parroquia. Llegamos al río a las nueve de la mañana. En el camino, adelantábamos a la gente que me preguntaba qué tipo de locura me había tocado para tomar una tal decisión en la época de lluvia. Al principio del rio, intentaron hacen un tipo de puente con madera y cuerdas, algo muy rudimentario que puede durar solamente un año y luego se derrumba. Hicieron casi un puente de cien metros. Y luego, nada. Tuve que bajar en el agua. Fui entrando poco a poco en ese agua sucia y bastante infestada pero no tenía más remedio que avanzar. Cada vez que avanzaba, el rio iba siendo más profundo. En algún momento tuve susto. El agua llegaba a mi cinturón. Mi pantalón estaba completamente mojado y la parte inferior de mi camisa también. El rio no acababa de prolongarse. Creo que pasé más de treinta minutos en ese agua antes de llegar a los huertos de la gente. Entendí entonces que a veces, desde los despachos, pedimos a la gente lo que es casi imposible para ella. Esa gente tiene que sobrevivir pasando por ese puente y ese agua cada día. Algunos de entre ellos hicieron una casita en su huerto y puede pasar toda la semana allí antes de regresar al poblado. Por eso, algunos no vienen a los encuentros parroquiales ni a las reuniones. Dentro del campo, la lluvia se puso a caer. Me mojé muy seriamente enteramente. No sabía ni como iba a atravesar otra vez el río para regresar. El muchacho que me acompañaba me iba diciendo que cuando llueve a veces, el rio sube más y la travesía se hace más difícil. Creo que me querría asustar. Al final pude volver y llegar a casa por la tarde, casi tan sucio como un cerdo. El día siguiente, tenía un catarro hasta hoy.http://gaetan.blogspot.es/img/yaka.jpg

El padre Gaetan en medio del río Nakando.

 

El viernes pasado, me fui con algunos consejeros de la parroquia a una minúscula comunidad cristiana de Baligini situada a 40 km antes de llegar a Bakouma sobre la carretera de Bangassou. Tenía una formación de los miembros del consejo de la comunidad. Pasamos el día allí. Cuando nos disponíamos a dormir, vinieron a decirnos que un accidente acababa de pasar a cuatro kilómetros entre Baligini y Bakouma. Se decía que un jefe de la policía que viajaba en el camión volcado había desaparecido. Poco después nos dijeron que habían encontrado su cadáver debajo del camión completamente despiezado. Entre dudas y razonamientos, cogí mi coche a las once de la noche (aquí todo el mundo está en la cama) y me fui al lugar en  medio de la selva profunda. Mi idea era de traer al cadáver en el poblado esperando el día siguiente para saber qué hacer. Cuando llegué, le habían llevado a otro sitio lejos. Volví al poblado con el coche vacio. El sábado, después de una misa temprana, me fui con los cristianos a un huerto de plátanos que estoy iniciando en esa zona. Después, volví a Bakouma.

El domingo por la tarde estuve esperando al padre Yvon de Nzacko para hacer camino común hacia Bangassou pero no llegaba. Al final pudo comunicarme diciendo que tenía averías con sus ruedas. Salí de Bakouma a las cinco de la tarde para llegar la noche en Bangassou. Espero aprovechar para descansar un poco antes de ir otra vez a mis quehaceres pastorales. Todo con amor, Gaetan

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