Gaétan KABASHA

Situación de Centroáfrica (Part 3)

1. Situación actual

En estos momentos, el país está al borde del colapso según la expresión del responsable de los derechos humanos de la ONU. “Estamos gravemente preocupados por las alegaciones de asesinatos, tortura, detenciones arbitrarias, violencia contra las mujeres, desapariciones forzadas, justicia popular así que el clima de inseguridad generalizada y la ausencia del Estado de derecho que prevalece en el país desde estos cinco meses” decía el experto de la ONU Christof Heyns, el pasado 5 de agosto[1].

Prácticamente, aunque existan un presidente y un gobierno, el Estado no existe. El país está divido en pequeños reinos donde gobiernan los señores de guerra. La muerte se ha convertido en algo banal y barato. Este 9 de septiembre, el ministro del interior, José Binoua, comentando las matanzas de Bohong (Bouar), reconocía que nadie controla a los generales y coloneles que, de repente, envían tropas dondequiera a matar y quemar pueblos.

Todos los días, los elementos de la Seleka matan, violan mujeres y secuestran para luego pedir rescates. Sigue habiendo numerosos niños soldados. Aunque en el centro de la capital, la situación ha mejorado bastante durante los últimos meses y hay algo de tranquilidad, en los barrios periféricos han seguido las incursiones de les militares Seleka que han sembrado desolación y muerte. Miles de centroafricanos son refugiados en el interior del país o fuera. Las carreteras del interior son la propiedad de los milicianos islamistas, que han  erigido barreras en todos los sitios donde para pasar, pidien dinero, e incluso los campesinos que van a sus campos andando, tienen que pagar el peaje. Los obispos y sacerdotes ya no tienen coche para visitar las comunidades alejadas de los centros porquelos de la Seleka lo han robado todo. En Bangassou, mi diócesis, un territorio tan grande como Andalucía, donde el obispo Juan José Aguirre es español, no queda ningún coche. El obispo va andando a donde puede desplazarse.

En las provincias, ya no existen las estructuras de un Estado moderno. La policía, los ayuntamientos, las estructuras de justicia, los hospitales, la administración territorial han sido completamente desestructurados o sencillamente han desaparecido. Las escuelas están cerradas; los impuestos y otras tasas van directamente el jefe Seleka local. El Estado no tiene ni estructura ni economía.

Empiezan a notarse algunos signos de islamización en algunos localidades del país: en el norte (Kagabandoro por ejemplo), se ha impedido en muchas localidades la venta de la carne de cerdo. En otros, se ha procedido a la matanza de todos los cerdos de los pueblos. Algunas carnes de caza también están prohibidas. Aunque no se haya impedido a los cristianos acudir a su culto todavía, hay indicios de que la islamización lenta está en marcha. Es verdad que esas prácticas son hechos aislados, pero significa que el terreno es propicio para algunos grupos radicales. De manera general, se está nombrando musulmanes en los puestos importantes de la administración territorial. Algunos empiezan a pensar que para conseguir un puesto de administración, hay que hacerse musulmán.

Por lo que se refiere a la situación humanitaria, es una catástrofe. Decía el responsable del programa “Acción contra el  hambre”, Alain Coutard hace unos días: “la situación en las provincias y las campañas es realmente alarmante. Ya no existe la autoridad. Solamente mandan los jefes de la rebelión seleka. Muchos centros de salud han sido destruidos, mucha gente sobrevive sin nada[2].  A eso añade la comisaria europea a la Cooperación Internacional Georgieva Kristalina: “Centroáfrica es el país más olvidado del mundo; el más miserable; el que más necesidad tiene y el que menos recibe…En los hospitales, ya no hay equipamientos médicos, ni medicamentos, ni colchones ni comida. .. en la capital, la mitad de la población no tiene letrinas y todo el mundo me preguntaba: ¿por qué el mundo nos ha olvidado?”[3]

Esta guerra ha traído consigo una nueva arma desconocida antes: los milicianos de la Seleka, para vengarse de algún intento de sublevación, queman las casas de pueblos enteros. En un país donde la gente construye con techo de paja, la quema de una casa supone convertir en ceniza todas las pertenencias del propietario. Cerca de Bouar, se ha quemado más de 4.500 casas. Muchos otros pueblos han sido quemados en distintos lugares dejando a los ciudadanos a la intemperie sin nada.

Está claro que los problemas son colosales y no se ve claramente que haya una solución inmediata al conflicto. El país está casi en el olvido.



[1] ChristofHeyns, relator especial de la ONU, jefe de expertos sobre la situación de Centroáfrica (06/08/3103)

[2] Alain Coutard, Responsable de Action contre la faim.

[3] Georgieva Cristalina (Journal de Bangui 09/08/2013)

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