Gaétan KABASHA

Frente a la punta de pistola

Frente a la punta de la pistola

En estos momentos en que se habla del Domund en todas las iglesias del mundo, no dejo de pensar en las dificultades inherentes a la misión evangelizadora desde el principio del cristianismo hasta hoy. No hay misión sin obstáculo ni se vence al obstáculo de la misión sin fe. La fe es esta fuerza que nos invade enteramente y nos impulsa a ir a los confines de la tierra a pregonar la buena nueva sin miedo y, muchas veces, a costa de nuestra vida.

Pero, hoy, en lugar de hablar de las teorías de la Misión que casi todos conocemos, conviene fijarnos en algunos hechos concretos del día a día de algunos misioneros. Casi todos los misioneros llevan un cuaderno lleno de anécdotas curiosas, unas buenas otras no muy buenas, en las que relatan sus aventuras, sus encuentros y desencuentros, sus alegrías, sus penas. Lo que en general, sorprende a todos los que los oyen, es la alegría y la paz con las que cuentan estas aventuras como si no hubieran sido momentos muy graves e incluso peligrosos.

Hoy me voy extender sobre una anécdota que me contó hace poco en Madrid, una antigua colaboradora y gran amiga mía, la hermana Blanca Lidia.


Hace muy poco, la República Centroafricana fue invadida por unas bandas de guerreros musulmanes. Bajo la denominación de seleka, llegaron a tomar el poder  y se repartieron en todos los rincones del país, saqueando y haciendo todo tipo de vejaciones a la población.

La comunidad de las hermanas franciscanas de la Inmaculada Concepción de la cual forma parte la hermana Blanca vive en Bakouma, en el este del país. Poco antes que esos guerreros seleka llegaran allí, el obispo de Bangassou, viendo el peligro llegar, envió un avioneta para sacar a las hermanas de  este agujero y llevarlas a la capital. Pues, pensaba, no sin equivocarse, que la capital estaría a salvo del peligro.  Las hermanas, unánimemente, decidieron declinar la oferta del obispo y quedarse junto a la gente del lugar. Optaron por aquello que se suele llamar “la locura misionera”. Se trata de dar testimonio del amor de Dios a los pobres hasta las últimas consecuencias. Nadie sabe exactamente como se llega a esta decisión en el momento concreto en que tienes que elegir entre quedarte o irte. La Iglesia nunca obliga a nadie al martirio pero si que alaba a los mártires. El hecho es que las hermanas se quedaron en Bakouma, esperando vivir el calvario junto al pueblo.

Días después de aquella decisión, llegó la hora de la verdad. Un grupito de esos guerreros que no tienen más ley que el saqueo y la violación de los derechos básicos de la persona, llegó al convento en Bakouma, armados hasta los dientes. Se habían enterado de que las hermanas gestionaban el dinero de la escuela y tantos otros proyectos comunitarios. Encontraron a la hermana Blanca esperándoles. Uno de ellos, le apuntó con el kalachnikov, esta arma moderna de fabricación rusa que se vende más barato en África como si fuera un juguete o algo útil para los africanos. Empezó entonces este llamativo diálogo entre la hermana con los ojos en la boca de la metralleta y el guerrero, con los ojos rojos y hambrientos de sangre.

-  “ Dame todo el dinero que tienes o te mato” dijo el guerrero.

-  “Que yo sepa, no te debo nada. Todo el dinero lo tengo en un banco en la capital, a 900 km de aquí. Si quieres, me buscas un coche y vamos allá” respondió, con sangre fría, la hermana.

-  “¿No te das cuenta de que te voy a matar si juegas conmigo?” dijo el guerrero.

-  “Si me matas, Dios te juzgará por haber matado a un inocente” Respondió instantáneamente la hermana.

-  “Yo soy musulmán pero no creo en tu Dios. No creo que Dios me juzgue por haber matado a una impía” repuso el guerrero.

-  “Al mejor tu Dios no te juzgará pero estoy seguro de que no escaparás al juicio de tus antepasados. Te preguntarán el por qué has matado a un inocente”. Dijo sin titubear la hermana.

La hermana jugaba con el fuego sin saber que, como dice el evangelio, el Espíritu Santo estaba poniendo en su boca lo que tenía que decir. Nada más hablar de los antepasados, el guerrero bajó su arma, confundido y perplejo. No sabía ya si tenía que matar a la hermana y esperar el juicio de sus antepasados o dejar a la hermana y estar en paz con ellos. Al final, la fe tradicional venció sobre la fe musulmana de este hombre. Bajó la tensión. Pero no por eso, bajó sus exigencias de coger lo que no era suyo.

Al final, la hermana Blanca, viendo que lo más fuerte acababa de pasar, no quiso arriesgar una nueva aventura de este delincuente armado. Abrió su cajón y le entregó una pequeña cantidad del dinero que había reservado para esos tipos de desencuentros. Después de entregar el dinero al soldado, le dijo: “ahora me coges todo lo que tenía para vivir. Vuelve por favor a enterrarme porque voy a morir de hambre”. El guerrero, llevado por un sorprendente compasión  - si es que se puede llamar compasión -  cogió una pequeña parte del dinero recibido (o robado claro) y la entregó a la hermana para que no muriera de hambre. ¡Menuda generosidad!

Cuando la hermana contaba esta historia, riéndose como si se tratara de un cuentecillo de aventura sin más, los oyentes estaban sobrecogidos, maravillados, sorprendidos por esa capacidad que tienen los misioneros de relativizar los momentos duros para seguir adelante. Creo que lo hacen para no llegar a odiar a nadie o para no enfriar lo más importante que llevan dentro o sencillamente porque saben que es el Espíritu el que lleva toda la obra. Al fin y al cabo, los enemigos de Cristo te pueden quitar el cuerpo pero nunca el espíritu. Y además, el perdedor es el que quiere quitarte la vida y no lo consigue y lo único que consigue es el aumento de tu fe y de tu amor hacía él. Es la paradoja del Evangelio.

Gracias a Dios, las últimas noticias que me llegan dicen que los habitantes de Bakouma, armados de machetes de auto-defensa han conseguido expulsar a los seleka armados de kalachnikovs. En estos momentos, los seleka se han retirado a Nzacko. Bakouma está tranquilo. Esperemos que para mucho tiempo. Entre tanto, la querida hermana Blanca se retira de Bakouma y va a seguir su misión en América latina. Gracias por su testimonio.

Felicidades a todos los misioneros.


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