Gaétan KABASHA

La violencia ciega


La violencia ciega.

Lo que está pasando actualmente en la República Centroafricana, ya no hay nadie que lo entienda. Por mucho que se intente justificar, no hay justificación que valga. Todo se vuelve irracional. El conflicto se ha ido transformando en una espiral de violencia incomprensible y ciega. Algún pensador dijo hace tiempo que cuando la ideología se apodera de las masas, se convierte en un arma peligrosa. Parece que estamos asistiendo a esta realidad.

En un primer momento, los centroafricanos podían identificar bien a sus adversarios. Quiero decir a los adversarios de su tranquilidad. Eran los seleka, esos huestes peligrosos que andaban por todos los pueblos imponiendo la ley del desorden y la muerte. Durante ocho meses, no dejaron de ahuyentar al pueblo sencillo sin defensa. No tenían adversarios delante. En aquellos momentos, toda resistencia frente a sus fechorías se veía como algo que sostener. Era auto-defensa. Así nacieron los anti-balaka.

Según los conocedores de la realidad cultural centroafricana, anti-balaka es una transformación de una expresión francesa “anti- balle – AK 47”. Se refiere a las prácticas mágicas y animistas que otorgan al individuo resistir a la bala de un arma de asalto que se llama AK 47. La gente fue reduciendo todo en una palabra y se convirtió en antibalaka.

Los anti-balaka nacieron hace mucho tiempo para defender a los pueblos del norte de Centroáfrica contra los invasores mbororo, una tribu de ganadores nómadas que circulan en la selva buscando pastos. En muchas ocasiones, invadían impunemente con su ganado los huertos de los campesinos. Así nacieron los anti-balaka.

Últimamente, esos grupos de auto-defensa se volvieron  a constituir, esta vez para defenderse de los seleka. En primer momento, todo el mundo les aplaudía. Empezaron desesperadamente en las localidades de Bossangoa (la región del expresidente Bozizé). Se piensa que les apoyaron con la logística y la táctica algunos antiguos militares afines a Bozizé. Pero generalmente, los anti-balaka luchan solamente con los fusiles de caza de una bala y las armas blancas (machetes, lanzas, cuchillos etc.). En el principio, su enemigo eran los seleka.

Poco a poco fueron extendiendo su dominio y de paso, confundiendo a todos los musulmanes con los seleka. A su vez, los seleka empezaron a confundir a todos los cristianos con los anti-balaka. El conflicto se complicó y se fue transformando en un conflicto religioso entre los cristianos y los musulmanes.

Lo que hoy en día no se entiende es el porque de las violencias. En efecto, la Comunidad Internacional decidió enviar tropas en Centroáfrica para poner orden y estabilidad. Francia envió unos 1.600 militares. Muchos países africanos constituyen lo que se llama la MISCA, unos 5.000 militares. Con la llegada de esas tropas, se pensaba que los beligerantes podían entender la voz de la razón y deponer las armas. No fue así.

Los anti-balaka seguían exigiendo la dimisión del presidente musulmán, el causante de todo el desastre en que se encontró el país. Desde el día 10 de enero, lo consiguieron. Djotodia dimitió junto con su primer ministro Tiangaye. El Consejo Nacional de Transición eligió a una mujer, la alcaldesa de Bangui para liderar la transición política y reconciliar a todos. La elección fue del agrado de todos. Se pensaba que con la dimisión de Djotodia y la llegada de la presidenta Catherine Samba, las cosas iban a ponerse mejor. A día de hoy, las violencias no han parado. ¿Qué está pasando en Centroáfrica?

Lo que está pasando es que los jóvenes desempleados, manipulados o no, ya han saboreado a los bienes saqueados y han aprendido a matar. No hay nada que les impida seguir. Ya nadie sabe el objetivo que persiguen. La presidenta no es su adversario. Tampoco se puede decir que los seleka siguen siendo una verdadera amenaza desde que las tropas internacionales han reducido su virulencia. Entonces, ¿Quién es ahora el enemigo de los antibalaka? ¿Qué quieren?

La realidad es que los que matan ahora lo hacen guiados por una ideología nefasta basada en la religión que ellos mismos no practican. Los anti-balaka matan a todo elemento musulmán en su camino, llamándose ellos cristianos. Pero ¿Cuántos de ellos son realmente cristianos y cuántos practican el verdadero cristianismo? ¿Qué dirigente cristiano les ha enviado a matar a sus semejantes? La venganza, el odio y la locura colectiva se cristalizan en una ideología religiosa que no tiene ningún sentido. Arrancar esta ideología genocida en su cabeza cogerá mucho tiempo. Ya no tienen verdaderas reivindicaciones políticas o sociales. Su único objetivo es matar al musulmán al que confunde con los seleka. Es una venganza ciega e indiscriminada. Se mata a los niños, a las mujeres, a los ancianos, a los enfermos. En muchos barrios, se glorían de haber hecho una limpieza.

Por otra parte, algunos musulmanes, llevados por la ira y la venganza, también responden con la misma violencia. En sus barrios, matan a todo cristiano que pasa. El ciclo de violencia no cesa. El conflicto ha dejado de ser político para desplazarse a otros ámbitos.

También hay que destacar que el saqueo está beneficiando a esos jóvenes hambrientos y desempleados. Como casi en todos los sitios donde la gente sufre pobreza, cualquier oportunidad se convierte en un escenario de saqueo. Todos los centros comerciales de los pequeños pueblos han sido arrasados y saqueados. En los barrios de Bangui, no pasa un día sin que se saquee los bienes hasta el tejado de las víctimas de la violencia. Al final, la violencia se ha convertido en un medio de supervivencia.

Será muy difícil remontar la cuesta otra vez. Esperemos que las nuevas autoridades consigan parar la sangría. De momento, parece que esperan una única solución providencial, la de los cascos azules de la ONU. ¿Cuándo llegarán?

Gaetan

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