Gaétan KABASHA

Los héroes de la guerra


Los héroes de la guerra.

Se llama Xavier Fagba. Es sacerdote. Lleva un tiempo al frente de la parroquia de Boali, en las afueras de Bangui (República Centroafricana). Últimamente se ha hablado mucho de él y del diácono que le acompaña en su tarea pastoral. Los dos se encuentran envueltos en una espiral de violencia sin fin entre los seleka y los anti-balaka. De repente, tanto los cristianos como los musulmanes se encuentran amenazados por unos o por otros. ¿cómo es el tema?

El día 17 de enero, el padre Xavier se entera de que los anti-balaka preparan una limpieza general de todos los musulmanes de la localidad de Boali. Son miles en la selva, armados de machetes, lanzas, fusiles de caza. Todos se dicen cristianos pero en la práctica, son paganos. Están movidos por la venganza ciega y el derramamiento de sangre. Su objetivo es matar, mutilar, saquear, quemar al musulmán que llaman enemigo de la patria. Es una revancha después de ocho meses de dominio sanguinario de los seleka, asimilados a los musulmanes.

El padre Xavier se concierta rápidamente con su diácono. Decide ir al barrio de los musulmanes. Habla con sus dirigentes y les revela el plan de los anti-balaka. Les convence de salir de allí para refugiarse en la Iglesia Católica donde él se hará cargo de ellos. Deprisa, los musulmanes confían en él y le siguen a la iglesia. En este lapso de tiempo, aparecen los anti-balaka, furiosos, dispuestos a matar a todos incluidos los niños y ancianos. El padre se interpone. Con su sotana puesta, habla a los anti-balaka: “Yo también soy cristiano. No os puedo permitir matar a nadie dentro de mi iglesia. Vais a tener que matarme antes”. Cierra la iglesia con los musulmanes dentro, y se pone a la puerta de guardia. Entre tanto, llama a las tropas internacionales. La situación es tensa. El tiempo se prolonga. ¿Qué pasará? Los anti-balaka amenazan con quemar la iglesia. El cura no baja la guardia. Los musulmanes desgranan su rosario típico dentro, muertos de miedo. Finalmente, llegan las tropas francesas para custodiar la iglesia. Llegan tarde pero llegan.

El domingo siguiente, el cura tiene que decir misa. Pero la iglesia está llena de musulmanes supuestamente enemigos de los cristianos. Pide a los musulmanes que dejen un espacio grande para que los cristianos puedan asistir a misa. Aquel domingo, fue un domingo nunca visto en el mundo. Dos enemigos se miran y miran al cura en al altar. Por un lado los cristianos y por otro, los musulmanes. El cura habla de reconciliación, de perdón, de amor. Los cristianos le escuchan con una gran devoción. Los musulmanes también.

Por fuera, algunos anti-balaka siguen rondando, esperando que algún musulmán salga de la iglesia para caer bajo el peso del machete. No se atreven a entrar en la iglesia. Nadie sabe si es por respeto a Dios, o al cura o sencillamente por superstición. El hecho es que el padre Xavier, de momento, ha conseguido salvar a 800 personas.

Los casos como el de Xavier son numerosos en Centroáfrica. Durante este conflicto, los sacerdotes, y las religiosas hicieron acciones de alto heroísmo.

Hace poco hablaba con las hermanas ruandeses de Pk 14. El día 5 de diciembre, volvían de la misa cuando se desató el apocalipsis sobre Bangui. Se encontraron con un grupo de guerreros seleka, rabiosos. Les llevaron a un sitio alejado para matarlas. Pasaron todo el día con la punta del revolver sobre sus cabezas. Al final, uno de los jefes seleka decidió no matarlas. Les escoltó a su convento. El día siguiente, el mismo jefe volvió a visitarles al convento. Su visita no estaba desinteresada. Les querría pedir que fueran a llevar comida a un grupo de los suyos (musulmanes) desplazados, escondiéndose de los anti-balaka. Las hermanas aceptaron la propuesta con mucha amabilidad. Y así lo hicieron. Cada día se encargaban de llevar comida y agua a ese grupo, arriesgando su vida. Por un lado, en el camino podían encontrarse con los seleka que desconocían el tema. Por otro, si los anti-balaka se enteraran de que las hermanas llevaban comida a los musulmanes, les asimilarían a los cómplices. Pero al final, prevaleció el Evangelio: “amaos unos y otros”.

Más al norte de Centroáfrica, en Bouzoum, el padre Aurelio, un misionero italiano, está jugando al gato y al ratón con unos y otros. Primero tuvo que esconder a los cristianos contra los seleka. Ahora que la fuerza ha cambiado de bando, esconde a los musulmanes contra los anti-balaka. Su día a día consiste en ir de un lado a otro, a recoger los cadáveres y heridos o a intentar establecer cierto diálogo. Lo suyo es toda una larga historia.

Muchas parroquias se han convertido en refugios de los amenazados. Algunos conventos son ahora paritorios improvisados. La vida es dura. Pero también, dentro de esta desgracia, se va manifestando que existen personas transformadas por el Evangelio. Son héroes de la guerra.

Gaetan

 

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