Gaétan KABASHA

Las consecuencias del conflicto

 

Centroáfrica: Las consecuencias del conflicto.

La seguridad sigue siendo el problema prioritario de Centroáfrica. Los enfrentamientos que se asemejan a una limpieza religiosa en algunas zonas no cesan. Sin embargo, se puede decir que con la determinación de unos y otros, principalmente las autoridades religiosas tanto cristianas como musulmanas, y la ayuda de las tropas internacionales, se ha evitado, in extremis, el genocidio cantado. Ahora, se trata de analizar las consecuencias inmediatas de esta crisis.

Los diversos protagonistas actúan con una mirada corta, puesta solamente en el presente inmediato. La mayoría no se dan cuenta del desastre futuro tanto al nivel económico como al nivel alimentario. Las consecuencias de la fractura social entre los cristianos y los musulmanes son inmensas a corto y a largo plazo. Veamos unas cuantas.

 

La economía.

 

En la República centroafricana, el negocio se encuentra entre las manos de los musulmanes. Son ellos los que tienen las grandes tiendas y almacenes en todas las ciudades. Todas las actividades económicas de alto nivel giran entorno a sus negocios. Además, los grandes comerciantes suelen prestar dinero a los otros musulmanes para emprender pequeños negocios en las pequeñas ciudades y aldeas. Eso hace que el dinero circula gracias ellos y los productos manufacturados se encuentran entre sus manos. Están en relación con otros hombres de negocio de los países vecinos (Camerún y Tchad) desde donde traen la mercancía.

Durante este conflicto, muchos musulmanes se fueron a Tchad huyendo. Los que no lo han hecho todavía, lo harán dentro de poco. Es un problema de tiempo y de posibilidad. Muchos camiones salen cada día escoltados por las tropas chadianas hacia el norte y cruzan la frontera. Después de la derrota de los seleka en Bangui, el miedo cambió de bando. Los anti-balaka se entregan a la caza de los musulmanes jugando al gato y al ratón con las tropas internacionales. Se vengan después de ocho meses sufriendo la ocupación horrenda de los seleka. Hay quienes incluso acusan a los militares franceses de favorecer a esas milicias.

Al destruir las tiendas de los musulmanes y al echarlos del país, Centroáfrica se queda sin negocio serio. Sacarán su dinero de los bancos. En muy corto plazo, el país se quedará sin provisión. Los productos manufacturados serán escasos. Bangui se quedará vacío. Hasta los artículos muy básicos empezarán a costar el precio de oro. Esto ya está a la vuelta de esquina.

Por otro lado, la mayoría de los propietarios de los camiones que hacen Douala-Bangui son musulmanes. También los conductores. Con la situación actual, ya los conductores no quieren arriesgarse a cruzar el país para traer la mercancía. Tienen miedo de encontrarse en el camino con los anti-balaka. Evidentemente, estos últimos no se dan cuenta de las consecuencias de sus acciones sobre el conjunto del país. Los organismos internacionales se quejan que ya no pueden abastecer los campamentos de refugiados porque no saben como traer la comida desde Camerún. Los conductores se niegan a cruzar la frontera. Tan es así que la ONU acaba de decidir utilizar los aviones para no ver a los miles de refugiados morir de hambre ante sus ojos.

Durante mucho tiempo los centroafricanos de otras confesiones religiosas se contentaban de desarrollar sus aptitudes en otros campos. Muchos eran funcionarios. Muy pocos se entregaban al negocio. Se burlaban mucho de los musulmanes que, en lugar de estudiar, se meten en el negocio desde pequeño. Todos los sectores económicos estaban ocupados por los musulmanes. Hasta las minas de diamantes y oro están entre sus manos. El resto de los ciudadanos constituye la mano de obra. Cuando había paz, se mantenía bien ese equilibrio. Ahora que el tejido social no se mantiene, todo se desmorona.

Nutrición

Los habitantes de la República centroafricana no saben cuidar el ganado para abastecer los mercados. Solamente encuentras unas cabras circulando al azar en los poblados. No existe una política ganadera sería sobre todo el territorio nacional. Sin embargo, hay una tribu especialista en el ganado de vacas. Son los mbororo (peuls). Es una tribu nómada que vive en medio de la selva. Sus miembros nunca se mezclan con los demás habitantes del país. Se casan entre ellos. Son todos musulmanes. Los encuentras en muchos países de África central. Muchos no tienen identidad nacional. Cruzan las fronteras según épocas buscando los pastos. Son ellos que abastecen los mercados con la carne.

Con este conflicto, se encuentran amenazados. Muchos fueron matados en sus campamentos dentro de la selva. Otros prefirieron cruzar la frontera con sus vacas. Los que quedan, ya no pueden atreverse a salir para vender las vacas al resto de la población. El resultado es abrumador: Bangui ya no tiene carne. En todos los mercados de la capital, no hay carne.

Aparte de las vacas de los mbororo, los centroafricanos suelen consumir la carne de caza. En todos los rincones del país, se permite cazar los animales no prohibidos. Es en esta óptica que los anti-balaka disponen de rifles de una bala. Está permitido llevar este tipo de armas de manera general. Con la inseguridad generalizada, ya nadie se atreve a entrar en la selva para practicar la caza. La selva está repleta de guerrilleros de todo tipo. La caza se ha convertido en un riesgo muy alto. El resultado no puede ser peor. Ya no hay carne en ninguna parte. La malnutrición seguirá, y todo tipo de consecuencias de una alimentación carente de vitaminas.

La guerra es siempre un desastre. Pero cuando toma el color étnico o religioso, trae consecuencias insospechadas. Los efectos de lo que está pasando en Centroáfrica serán catastróficos a corto y largo plazo. Todavía los que están involucrados en las violencias no han reparado en ello. Si el país estaba ya en la cola de todos en materia de desarrollo, ¿dónde lo vamos a colocar ahora?.

Gaetan

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