Gaétan KABASHA

analisis

Situación de Centroáfrica (part 6)

Escrito por gaetan 14-09-2013 en analisis. Comentarios (0)

Centroáfrica ¿Qué podemos hacer desde Europa?


Cuando algo pasa en Israel, o en Egipto, todo el mundo lo conoce al instante. Cuando en un país de África sub-sahariana pasan cosas igual de graves o incluso más, el tiempo transcurre como si nada hubiera pasado. Existe un silencio incomprensible de parte de la prensa internacional y de los poderes políticos del mundo desarrollado con respeto a África. Es verdad que los africanos tienen responsabilidad en lo que pasa en sus países. Pero también es verdad que todas las armas están fabricadas aquí y que la desigualdad en el sistema económico mundial está gestionada desde el Primer mundo.
Los hombres de buena voluntad no pueden callarse ante las catástrofes humanas. Si formamos todos la misma humanidad, cuando sufre un hombre, sufren todos de alguna manera. Un miembro enfermo acaba contagiando a todo el cuerpo. Es importante que luchemos para que la prensa no siga la política y que la política no siga siendo tan egoísta.
La ignorancia de lo que pasa en el mundo nos hace cómplices de la desgracia. Hay que instruirse, interesarse, denunciar. Nadie puede ser orgulloso de vivir en un mundo donde algunos viven tranquilos cuando otros viven huyendo de las balas.
Con respeto a Centroáfrica, es importante, primero saber que este país existe. Luego, pedir a Francia, a la Unión Europea y a la comunidad internacional que se interesen del conflicto. ¿Por qué en Mali, si, en Centroáfrica, no? Si la vida humana tiene el mismo valor en todas partes, ¿por qué en unos países los muertos merecen más atención que en otros?
Cuando el presidente francés dice que hay riesgo de que la República centroafricana se convierta en una nueva Somalia, está diciendo cosas muy dramáticas. En efecto, en 1991, el presidente de Somalia Siad Barre fue derrocado por militares. Desde entonces, muchos clanes y facciones empezaron a disputar el poder. El nuevo presidente Ali Mahdi Mohammed no llegaba a controlar el aparato político nacional. Las estructuras del Estado se rompieron en pedazos. Las bandas armadas desintegraron el país. La catástrofe humanitaria fue enorme. La ONU falló en resolver el problema. En 1993, el mundo decidió abandonar el país a su suerte. Desde entonces, Somalía se convirtió en una tierra de violencia y de violación de los derechos humanos, un país sin gobierno central, sin estructuras de justicia. Durante veinte años, Somalía ha sido una tierra de terroristas, piratas internacionales. Me temo que si el mundo abandona a Centroáfrica, ese país tome el camino de Somalia. Hay que impedirlo.
Es importante presionar para que haya una intervención masiva de la Comunidad Internacional en el país capaz de parar la sangría de violencia, la catástrofe humanitaria y acompañar la transición hacia las elecciones. Eso significa, no solamente enviar tropas masivas de la Unión Africana, si no también ofrecer una ayuda económica suficiente para restablecer el sistema del Estado.
En la misma óptica, no hay que cansarse de pedir al Tribunal  Penal Internacional de La Haya que se ocupe de los criminales que matan en total impunidad o se apropian de los bienes de los demás. Su fiscal jefe, Fatou Bensouda, ha declarado en varias ocasiones durante los últimos meses que su oficina sigue con mucha preocupación y muy de cerca lo que ocurre en Centroáfrica. ¿Cuándo lanzará las primeras investigaciones?
Antes de concluir, me gustaría también invitar a todos a pensar en la reconstrucción de ese país destruido. En España, la Fundación Bangassou cuyo fundador es el obispo Juan José Aguirre ha puesto en marcha una campaña para recaudar fondos. Cuando vuelva la tranquilidad, habrá que reconstruir los hospitales dañados, las escuelas etc. La generosidad es una de las armas potentes contra la desigualdad en el mundo.
Por lo tanto, quisiera concluir insistiendo en  cuatro aspectos:
- Tenemos que informarnos más  sobre lo que pasa en África sub-sahariana.
- Hay que presionar para que haya una intervención internacional eficaz y sostenida en la República centroafricana.
- Hay que luchar para que los criminales que han cometido crímenes contra la humanidad sean llevados ante los tribunales.
- Hay que pensar seriamente en la reconstrucción del país.

Einstein decía: "El mundo es peligroso, no por causa de los que hacen el mal, sino por aquellos que miran pasivamente sin hacer nada".

 

Situación de Centroáfrica

Escrito por gaetan 12-09-2013 en analisis. Comentarios (0)

Centroáfrica ¿Hay esperanza?


Responder a esta pregunta en estos momentos parece difícil. En un país tan pobre, con infraestructuras insuficientes, con un nivel de alfabetización muy bajo y una clase política hondamente corrupta, si utilizaramos los lentes del pesimismo, diríamos que el túnel oscuro va ser largo. Para crear las condiciones de vida digna, habría que cambiar radicalmente todo el sistema que ha impuesto la Seleka. No basta con un cambio de gobierno ni un cambio a la cabeza. Habría que quitar todo y empezar de nuevo.
Entonces,


¿Una nueva guerra?

 Naturalmente, no estoy propugnando una nueva guerra como solución. A estas alturas, a nadie le interesa volver al ciclo de violencia, aunque por desgracia para algunos quizá sea la única opción a la vista. Ya empiezan a surgir por aquí por allá pequeñas voces favorables a una nueva rebelión. Si la situación sigue tan dramática y violenta, habrá revueltas y rebeliones. Algunos no descartan que el depuesto presidente Bozizé vuelva a reunir a los suyos para iniciar una nueva guerra. Desgraciadamente, si hubiera nuevas revueltas populares podrían acabar con un baño de sangre.


¿Elecciones transparentes?

Es el deseo de todos . Sin embargo, nadie cree que vayan a pasar realmente como está previsto en el periodo de 18 meses de transición política impuesto por los dirigentes de los países vecinos.  Y si las hay, no hay garantía de que vayan a ser  transparentes. En caso de que lo fueran, el nuevo elegido tendrá dificultades para tener bajo su control a  los militares Seleka y reinventar el sistema del Estado, algo para lo que además haría falta contar con mucho dinero, que de momento no hay. Para que las elecciones sean justas, es necesario desarmar antes a los seleka, formar un nuevo ejército y reestructurar la policía y el sistema judicial. Todo eso requiere dinero y en estos momentos, es justamente lo que falta.


¿Una intervención internacional?

Muchos centroafricanos creen que sería la solución ideal. Todo el mundo desea que la Unión Africana apoyada por Francia intervenga para desmantelar el imperio Seleka. Es el punto de vista de Rolland Marchal, investigador francés, experto en los problemas centroafricanos: “Hace falta una presencia internacional larga, civil y militar y no solamente orientada a lo humanitario” .
Desde el primer momento, los paises vecinos reagrupados en CEMAC (Communauté Economique et Monétaire de l'Afrique Centrale) decidieron enviar tropas llamadas FOMAC para restablecer la seguridad en el país. También obligaron a los nuevos dirigentes a poner en marcha un gobierno de transición, con el primer ministro de consenso de los acuerdos de Libreville antes de la toma del poder. Además, impusieron una hoja de ruta que implica la organización de las elecciones generales en 18 meses. En estas, los actuales dirigentes no podrán presentarse. El pueblo sigue pensando que esta hoja de ruta será respetada hasta el final aunque hay una parte de escépticos quienes creen que a lo largo del camino, todo cambiará. De momento, solamente el respeto a la hoja de ruta de CEMAC puede traer algo de paz! Evidentemente, el problema de los militares seleka, no formados y obviamente delincuentes, sigue siendo una espina en la bota del país. Por otro lado, ha quedado manifiesto de que los militares de FOMAC son insuficientes o mal motivados para restablecer la paz. Su presencia no ha impedido los saqueos, asesinatos y el desorden en el interior del país.
Desde el pasado 1 de agosto existe oficialmente una fuerza de intervención llamada MISCA, formada por algunos países de la Unión Africana. Pero de momento sólo son 700 efectivos, sólo en la capital. Está previsto que lleguen a 3.500, aunque incluso si llegaran a este número serían muy insuficientes para desarmar y desmovilizar a los combatientes de la Seleka de origen extranjero. Pero ¿quién  financiará esta fuerza? Quién motivará a Francia para que vaya a poner orden en su antigua colonia como lo ha hecho siempre? Últimamente, el presidente François Hollande, como alguien que se despierta de un gran sueño, hizo un llamamiento a la Unión Africana y a la ONU a “tomar en manos la situación de la República centroafricana que está al borde de la somalización” . ¡Ojalá el deseo se haga realidad!
El contingente de la Unión Africana tarda en llegar, y está claro que si los países occidentales no apoyan económica y materialmente esta iniciativa, esta misión no tendrá éxito.


¿Les confesiones religiosas?

Aparte de la política, hay otros aspectos esperanzadores que merecen la pena mencionar. Desde el inicio de las hostilidades, la Iglesia Católica representada por el arzobispo de Bangui, Mgr Dieudonné Nzapalainga, el conjunto de las iglesias protestantes representado por el pastor Nicolas Guereyame y el Imam Kobine Layame, de la gran mezquita de Bangui han creado un comité para la reconciliación. Juntos, han hecho varios viajes al interior del país para encontrarse con las comunidades cristianas y musulmanes y son la única voz que de forma consistente llaman a la concordia y denuncian los abusos de derechos humanos. Su labor y su convicción han podido evitar una guerra civil con connotación religiosa y con consecuencias imprevisibles.
Gracias a su llamamiento por la paz, el perdón y la reconciliación, se ha evitado, de momento, males mayores. También la Conferencia Episcopal, por su parte, ha hecho un llamamiento muy fuerte para invitar a los cristianos a evitar los sentimientos de venganza. Esas acciones que parecen pequeñas han producido frutos de extraordinaria belleza. Son un signo de esperanza. Aunque las heridas sigan abiertas, hay motivos de esperar. Al menos, esperar que el pueblo centroafricano no se rompa en pedazos y caiga en una locura genocida. En la actualidad, la figura y la valentía del arzobispo de Bangui Dieudonné Nzapalainga queda como un referente a la hora de denunciar públicamente los abusos a pesar del peligro evidente que ello conlleva.
También es importante decir que desde cierto tiempo, la Comunidad Internacional se ha levantado para luchar contra el criminal Joseph Kony cuyos elementos de la LRA siguen haciendo estragos en el este del país. Parece que este ugandés buscado por el Tribunal Penal Internacional por los crímenes horrendos, está debilitado. Pero es importante que se le siga hostigando hasta que le capturen. ¿Cuántas personas habrá matado antes? ¿cuántas mujeres sus secuaces habrán violado?

Situación de Centroáfrica (part 2)

Escrito por gaetan 08-09-2013 en analisis. Comentarios (0)

 Lo específico del conflicto de Centroáfrica.


En otros países donde hay guerra, suele haber un apoyo popular a una rebelión liderada por un líder con popularidad, fruto de un descontento generalizado. Además, los rebeldes suelen tener un plan alternativo para guiar el país. En Centroáfrica, hemos asistido a otro esquema completamente diferente.
Primero, los rebeldes de la Seleka llegaron arrasando todo a su paso. Saquearon y destrozaron todos los símbolos del Estado; destruyeron los ayuntamientos y las estructuras del desarrollo; quemaron los archivos de todas las oficinas. Al llegar a Bangui, se ocuparon de saquear todos los edificios públicos y no dejaron ni un ordenador ni muebles, ni archivos. En muchas oficinas, no quedó absolutamente nada. Cogieron todos los coches en todos los sitios tanto en la capital como en las provincias. Hicieron una limpieza general hasta en la radio nacional, en la presidencia, en los ministerios, las escuelas etc. Este hecho se puede entender de dos maneras: o bien se trataba de acciones de una horda de incultos preocupados sólo por su propio interés inmediato o bien había detrás una voluntad oculta de dejar el país en un estado primitivo, borrar las huellas del registro y debilitar todas las estructuras sociales. Las dos hipótesis pueden ser reales en el caso de Seleka. Hay que tener en cuenta que pocos meses antes de conquistar Bangui los rebeldes eran apenas unos 5.000 efectivos, y cuando tomaron el poder su número se había incrementado a unos 20.000 . Muchos de ellos eran bandidos o milicianos de Chad o de Darfur (Sudán) que se han dedicado a saquear, llevar a sus países de origen los bienes robados y volver otra vez  a seguir cometiendo abusos contra la población.
En segundo lugar, una vez llegados al poder, no mostraron un proyecto de sociedad. Uno de sus líderes, Michel Djotodia, se auto-proclamó presidente. El pueblo esperaba que utilizara sus poderes para imponer orden, pero no fue así. Nada indicó que fuera capaz de controlar a sus propios elementos. Cada grupito tiene su jefe equiparable a un señor de la guerra. Esos señores de la guerra se instalaron en los distintos lugares, cada uno con su mini-ejército, marcando su terreno con las violaciones de los derechos humanos. A día de hoy, nadie parece tener autoridad máxima sobre la Seleka, que más que un ejército parece un conjunto heteróclito de guerrilleros amasados desde el Darfur, el sur de Chad y el extremo norte de Centroáfrica. En Bangui, la capital, la población aguantó el chaparrón con mucha valentía durante muchas semanas en medio de un caos generalizado. Algunos barrios de Bangui, sobre todo en el Norte de la capital, han sido regularmente escenarios de enfrentamientos sangrientos entre la Seleka y los ciudadanos. Los asesinatos no han cesado. En las provincias, todavía reina el desorden total dependiendo del humor del que manda allí. A mediados de agosto hubo once muertos en el barrio de Boy-Rabe, un lugar tradicionalmente habitado por miembros de la etnia de Bozizé, cuando la Seleka entró supuestamente para buscar armas. Varios miles de personas de este y otros barrios ocuparon el aeropuerto de Bangui para protestar por estos abusos. Como consecuencia de esta acción popular, el presidente Djotodia destituyó al ministro del Interior, Noudoudine Adam, considerado su número dos, y decretó que la Seleka no tendría en adelante facultades para imponer la seguridad en la capital, dejando esta responsabilidad en manos de la gendarmería y la policía. Esto ha abierto una puerta a la esperanza de que la situación en la capital podría mejorar y normalizarse. Pero ¿por qué no lo hizo cinco meses antes?
En tercer lugar, Seleka no es representativo del pueblo centroafricano. Sus elementos son básicamente miembros de dos pequeñas tribus  del norte (los Gula y los Runga), a los que se han añadido delincuentes del Chad y Darfur en busca de botín. La mayoría de los integrantes de esa coalición son gente inculta, sin consideración alguna hacia la ley o el derecho que no calculan las consecuencias de sus fechorías y no muestran tener ninguna idea del Estado ni del bien común. Ellos mismos se creen extranjeros llamados a marcharse hacia sus tierras, y por eso se entregan a saqueos para enriquecerse cuanto antes. Los que, hace unos meses, no tenían ni una bicicleta, ahora se mueven en coches de lujo robados. Eso sí, algunos mueren en accidentes por no saber conducir!
Por otra parte, el hecho de que Seleka sea mayoritariamente musulmana crea incertidumbre en la población, que es de mayoría cristiana.  Primero llegaron molestando a los cristianos y cogiendo sus bienes sin tocar nada de los musulmanes y al llegar al poder pusieron en el gobierno y en las otras instituciones una mayoría abrumadora de musulmanes. Muchos no dejan de preguntarse si no existe un programa secreto de islamizar a la larga el país. Muchos analistas piensan que al destruir los archivos, se han querido borrar todas las huellas de la ciudadanía para importar luego a los musulmanes de los países vecinos, entregarles la nacionalidad y permitirles gobernar y votar. Si fuera así, estaríamos al inicio de una guerra religiosa latente que podría desembocar en una violencia colectiva peligrosa.
Al intentar debilitar e intimidar a la Iglesia Católica, los Seleka  han querido ciertamente asegurarse el terreno libre quitando de en medio de toda institución capaz de enfrentarse a ellos. Se sabe que en África, la Iglesia Católica es, muchas veces, la única institución que se atreve a levantar la voz para defender los derechos humanos.

 Las razones de la guerra de Centroáfrica


Ninguna guerra surge sin motivos. Se sabe que las guerras de África tienen siempre un componente político, económico y geo-estratégico. La de Centroáfrica cumple con todos los requisitos.
En primer lugar, hay que decir que esta guerra tiene que ver con algunos problemas políticos. La situación que existía en el país no era nada buena. El presidente Bozizé había convertido el país en una familia personal. Baste pensar que el ministro de defensa era su hijo y el ministro de minas era sobrino suyo. Sus hijos hacían estragos en total impunidad, había desapariciones de personas; el presidente despreciaba a todos y la oposición estaba silenciada. Y además, se rumoreaba de que Bozizé estaba a punto de cambiar la Constitución para presentarse en un tercer mandato. Todos los ingredientes de una sublevación estaban presentes.
En un segundo lugar, Centroáfrica es un país con muchas riquezas mineras no explotadas. Hay petróleo, uranio, diamantes, oro etc. Siempre se ha dicho que Francia no tolera que otros países se interesen por los yacimientos de este país. En 2012, Bozizé, que llevaba los asuntos de los recursos económicos del país como si fuera su negocio personal, otorgó licencias de explotación de petróleo del norte a una compañía china. Muchos piensan que eso fue uno de los  detonantes de la guerra. Se piensa que alguien quiere impedir que China explote el petróleo de Centroáfrica.
En tercer lugar, está claro que esta guerra se ubicua en la lógica de los países del Golfo Pérsico que quieren ir instalando regímenes musulmanes en el sur del Sáhara. No cabe duda de que ha habido una fuerte financiación de algún país árabe para llevar a cabo los enfrentamientos. Evidentemente, son siempre hipótesis que habría que comprobar.