Gaétan KABASHA

anécdotas

BRUJERÍA4

Escrito por gaetan 15-09-2009 en General. Comentarios (0)

Acabo de pasar una semana entera en una comunidad lejana a la parroquia. Me había ido a dar formaciones de los distintos grupos de cristianos para preparar bien la cuaresma y entrar como se debe en el triduo pascual. Toda la semana, no había descansado.

Antes de que volviera, los mensajes me llegaron pidiendo que regresar a la parroquia de urgencia porque nuestra centinela estaba gravemente enfermo. No entendía por qué tenía que regresar porque los mismo mensajes me decían que la centinela en cuestión estaba ya hospitalizado. Además, había dos curas en la parroquia completamente disponibles para hacer todo lo necesario para su salud. Nadie conseguía explicarme la importancia de mi presencia a su lado.

Pues, con mi tranquilidad habitual, seguí con mi trabajo hasta el fin. El domingo, después de la misa con los cristianos de Nzacko, cogí el camino con el deseo de llegar pronto a la parroquia y darme cuenta de lo estaba pasando. Gracias a Dios llegué a la parroquia sin incidente, sin caída con la moto, lo cual no es muy frecuente!

Nada más llegar a la parroquia, me di cuenta de que había un agrupamiento enorme alrededor de la casa de la centinela. El miedo me cogió: ¿Habrá muerto? Pues, estos tipos de agrupamientos muchas veces se hacen en el lugar del muerto. Mi corazón latía con toda velocidad. Soy yo quien trajo a esta centinela desde mi antigua parroquia hasta Bakouma. De manera u otra, nuestra relación es de otro tipo.

Apagué la moto y empecé buscando información antes de presentarme allí. Me dijeron que nuestra centinela tenía una locura incomprensible. Desde que aquello empezó no ha dejado de pegar a gente, de gritar, de correr. En el hospital, tenía a todos en alta tensión y esa mañana del domingo, sin que le darán de alta, decidió salir del hospital, desafiando la vigilancia de todos los trabajadores del centro hospitalario.

-         Entonces, qué esta haciendo esa gente en su casa?

-         ¿la gente se ha agrupado para ayudar a atarle con cables fuerte sobre un árbol. Allí está atado desde la mañana. Se ha convertido en un peligro del pueblo.

 

Cambié de ropa un poquito y me fui allí. Encontré a Jean Pierre (la centinela)  efectivamente atado con los cables. Estaba gritando, moviéndose en esos cables, intentando romperlos sin poder! Me acerqué y puse mis manos sobre su cabeza:

-         ¿Jean Pierre, me reconoces?

-         Si te reconozco, padre.

-         Puedes escuchar lo que te digo?

-         Si lo puedo.

-         Entonces, escúchame bien. Vengo de Nzacko y estoy muy cansado. Ahora no puedo hacer nada contigo. Me vas a prometer callarte y sentarte tranquilamente mientras descanse y después vendré a hablar contigo. ¿Me puedes prometer esto?

-         Si lo puedo pero yo también te pido algo: Quítame esos cables de las manos.

-         Si los quito no vas a intentar hacer daño a nadie o a ti mismo?

-         No.

 

Entonces le quité los cables ante el miedo de todo el mundo. Le impuse las manos. Y con la estupefacción de la gente, Jean Pierre se sentó en le sillón tranquilamente y yo me fui a dormir.

Cuando me desperté, algunos familiares de su mujer me esperaba para hablarme. Me dijeron todo lo que Jean Pierre veía y decía  en su locura. Convencidos de que ese tipo de enfermedad es más mística que física, me rogaron que llevar a la centinela a su pueblo para que le puedan curar de manera tradicional. Ellos me dijeron que estaban convencidos de que algún enemigo con poderes maléficos estaba enviando a Jean Pierre por no sé que control a distancia una fuerza de destrucción que aquí llaman “likundu” . Decían que se tardara en hacerle curar con otros poderes que algunos hombres detienen seguramente, Jean Pierre iba a morir! Hasta llegaban a citarme algunos nombres de gente malvada que estaba enviando esos poderes. ¡Les escuché y les despedía con una sonrisa! Con la sonrisa uno se tira de asuntos más complicados sin decir ni si ni no.

Después, recibí a Jean Pierre en mi despacho. Había respetado su promesa. No se había movido desde que le impuse mis manos. Intentó explicarme todo lo que le estaba pasado: como de golpe veía unas personas conocidas de su pueblo con machetes y cables con furia caminando hacía él para matarle. Hasta me dijo dentro de esas visiones, recibió realmente unos golpes que le siguen haciendo daño en la nuca. Le escuche tranquilamente y le di mi cruz querida, que compré en la cueva de Covadonga antes de irme de España.

Desde entonces, la enfermedad se acabó. El enfermo se restableció poco a poco. Dejó de gritar y desordenar todo. En el momento en que escribo, hace dos semanas que esto ocurrió. Jean Pierre está en perfecta saluda y nadie entiende lo que ha pasado ni yo tampoco: ¿Se curó con la medicina que le dieron en el hospital? ¿hubo un milagro? ¿o los dos a la vez? ¿Era realmente la meningitis como los médicos me hicieron creer? ¿Y por qué no hay ninguna secuela como en todos los casos de esa enfermedad? Yo solamente creo en una cosa: Si realmente los espíritus existen, ninguno de ellos supera al Espíritu Santo.

 

BRUJERÍA3

Escrito por gaetan 15-09-2009 en General. Comentarios (0)

 

Hace mucho tiempo que no escribo ninguna anécdota sea por falta de anécdota que valga la pena, sea por falta de tiempo, sea por acostumbrarme a lo que antes era asombrante y que ahora va siendo al paso del tiempo normal y corriente a mis ojos como a los ojos de la mayoría de la gente aquí.

Hace poco más de una semana, pasé por casualidad cerca del hospital, el único hospital de la zona. Vi una muchedumbre de gente de varias tribus en un ambiente bastante raro. No sabía lo que pasaba. Sin embargo, el hospital se sitúa a menos de trecientos metros de la parroquia. Al acercarme, vi a una mujer conocida dentro de mis cristianas, sentada cerca de la carretera, sanglando. Nada más verla, sabía que había sido golpeada salvajamente porque siempre se le acusa de brujería. Ya ha sido encarcela varias veces a causa de esa práctica que al final nadie sabe como se hace ni porque pero que todo el mundo aquí tiene por verdad matemática. La muchedumbre la rodeaba, burlándose de ella. Cuando la gente me vi, se calmó. Sabiendo muy bien que en esas circunstancias, vala más la prudencia que la valentia, me fui directamente a unos cinquanta metros del hospital, donde se encuentra la policia local y aparqué el coche. Fui a buscar al jefe de la policia para que me acompañara al lugar. Fuimos y nos damos cuenta de que la pobre mujer había sido golpeada dentro del hospital mismo. Todo viene del hecho de que hay un muchacho enfermo en el hospital sospechado de haber sido embrujado por la señora. Para curar al chico, había que pegar a la culpable y asi conseguir que vaya a buscar remedios contra la brujeria. Es algo que una mente totalmente europea tiene dificultades en entender. Con el jefe de la policia, nos acordamos que iba a enviar medicina para curar a la señora golpeda. Asi hice. Envié bandas, gazas etc para curar sus heridas. No me imaginaba lo iba a seguir más adelante.

Nada más ir yo y el policia, la turba siguió sus estragos. Algunos de ellos fueron a buscar al marido de la pobre mujer y a su hija mayor de 15 años que también ha sido varias veces acusada de bruja. Les machacaron de una manera increible, siempre dentro del hospital, a unos cinquenta metros de la policia. El padre Michel, francés que de vez en cuando vive conmigo pasó por allí y se acercó para ver. Asistió a una escena que nunca había visto en su vida. La gente estaba pegando literalmente a la señora, a la señorita y al señor, la sangre por todas partes y la gente gritando como los bárbaros en un campo de batallas. El pobre padre se puso a hablarles pero tenía sensación de sembrar en el desierto. Nadia le entendía. Todo el mundo le decía: “no entiendes nada padre, mejor vale que nos dejes arreglar el asunto a nuestra manera”. Para ellos, matar a un brujo es una buena cosa; es quitar la lacra de la sociedad.

Otra vez me tocó enviar medicamentos para curar la mujer, su hija y su marido. Me fui a ver a los policias para que me expliquen como es posible que una cosa asi horrible puede pasar a su lado sin que reaccionen. Me dijeron que si nadie les llama, no se mueven. En realidad, la única explicación es que también ellos creen que hay que matar a los supuestos brujos.

Los días siguientes, de alguna manera, empujamos al hombre a hacer su pleito a la policia para más justicia. Sabiamos que probablemente no iba a ganar el juicio porque aquí al que llaman brujo no tiene valor. Por colmo de barbaridad, el derecho de la República centroafricana reconoce la existencia de la brujeria y castiga a los brujos. La mayoría de los encarcelados en ese país lo han sido a causa de esa práctica que nadie sabe realmente como es ni lo que es.

BRUJERÍA2

Escrito por gaetan 15-09-2009 en General. Comentarios (0)

Lo que voy a contar aquí es increíble pero es algo que he visto con mis propios ojos. Nadie está obligado a creerlo porque cada uno tiene derecho a la duda. Pero repito, no es algo que me han contado sino que lo he visto.

Hace dos semanas, un señor considerado como sabio en nuestra localidad venía del ayuntamiento donde va regularmente para arreglar los conflictos al lado de la alcaldesa de Bakouma. Ese señor se llama Emilio. Al final del juicio de aquel día, uno de los perdedores había jurado que se iba a vengar de una manera u otra. En el camino, Emilio, conduciendo su bicicleta, vio una avispa acercarse con toda velocidad y le mordió en uno de sus  dedos de la mano derecha. No había porque preocuparse porque aquí las avispas son muchas en la selva. Pero Emilio tuvo el sentimiento de que esa avispa no era normal. El día siguiente, su dedo se hinchó de una manera un poquito rara. Le fui a ver y le aconsejé que se fuera a ver a un enfermero. Se fue a ver a un enfermero quien abrió el absceso. Salió pus como en los abscesos ordinarios. Puso todos los tratamientos necesarios para que la herida se acabara dentro de poco. Dos días después, salió otro absceso al lado. El enfermero repitió la misma operación prescribiendo antibióticos.  Tres días después, salió otro absceso otra vez al lado. Ya no se sabía que hacer. Los medicamentos modernos no conseguían curar el dedo. Casi toda la mano se estaba hinchando. Esta vez, el señor decidió orientarse a la medicina tradicional africana.

Entonces, se presentó un curandero diciendo que sabía de que se trata. Pidió que se le diera un huevo de gallina en buen estado. La familia le dio un huevo. Ante todo el mundo, el curandero apretó el huevo sobre la parte hinchada hasta que el huevo se rompiera. Al romperse, salió del dedo de Emilio una cosa rara que yo he visto con mis ojos: una mano de un animalito con cuatro dedos, uñas etc, apretando una cosa que parecía miel dura y el conjunto atado por los pelos de una persona o animal. Esa cosa rara tenía más o menos diez centímetros de diámetro. No llegué a identificar de que animal se trata si es un pájaro u otro tipo de animal.

Todo el mundo en la localidad está convencido de que esa cosa la inyectó el avispa cuando mordió al señor y que aquella avispa estaba enviada por el que perdió el juicio con una misión especial de dañar a Emilio.

Es difícil de entender para una mente acostumbrada a la racionalidad cartesiana. Yo también sigo dudando de muchas cosas que se dicen aquí pero poco a poco voy entendiendo que el mundo metafísico es mucho más amplio de lo que pensamos. África esconde muchas realidades desconocidas y difíciles de entender por la ciencia exacta. Aquí la gente cree enormemente en la brujería.

Después de que se extraiga ese cacharro en el dedo, la herida se cicatrizó muy rápido  y nadie puede imaginar que allí salió una cosa increíble.

BRUJERÍA 1

Escrito por gaetan 15-09-2009 en General. Comentarios (0)

En mis vueltas dentro del territorio de la parroquia, tenía que visitar una de mis comunidades que se llama Kpangou. El acceso a esta comunidad es muy difícil lo que explica porque el antiguo cura, viejo, llevaba años sin visitarla. Hay que hacer 45 km en la mala carretera más o menos oficial y desviar para hacer otros 15 km dentro de la selva en una pista que solamente las motos y los bicicletas usan. Ningún coche ha llegado a ese pueblo alejado jamás. Muchos niños nacidos allí no saben lo que es un coche.

Llegué y me acogieron más o menos bien. Se veía que habían hecho un esfuerzo tremendo para que me sintiera a gusto. Sin embargo, más iba avanzando el día, charlando con gente, organizando algunas cosas, me iba dando cuenta de que dentro de la comunidad, había una serie de contradicciones. Mandaban a la vez el responsable de la comunidad y el catequista y nadie sabía quien tenía la última palabra. Yo me callaba para observar. No tenía ni idea de lo que estaba pasando.

Hacía la noche, había previsto juntar el consejo de la capilla alrededor del fuego natural africano. Pensaba que alrededor del fuego, la gente iba a decir lo piensa. Hacía las siete de la tarde, nadie se acercaba para decirme donde teníamos fuego y reunión. Estaba sentado con dos o tres consejeros. ¿Donde estaban los demás en ese pequeño pueblo de diamantes? Cuando pregunté, me dijeron que, al mejor, teníamos que desplazarnos e ir en otro sitio. Nos fuimos. Llegamos y nos enteramos de que algunos consejeros nos habían esperado allí en vano y se habían ido a dormir. La división de la comunidad se veía más claramente.

Empezamos la reunión con los pocos que estaban. Nadie querría decir la verdad. Todos me hacían preguntas sobre la comunión. Querrían saber cuales son las condiciones para que una capilla tenga la comunión permanente; dónde se tiene que cobijar la Eucaristía; quien estaba en condiciones para distribuir la comunión etc. Y yo, muy ingenuo, contestaba según el derecho canónico. Sabía muy bien que no lo aplicamos literalmente siempre pero no querría decir a los cristianos otra cosa que sea ortodoxo. Menos mal.

Entonces, al final, pregunté si el consejo de la capilla funcionaba bien. Había puesto el dedo en la llaga. Algunos tuvieron la valentía de decir públicamente que el consejo no funcionaba. Me revelaron que el presidente del consejo había sido acusado de brujo por el pueblo, le habían puesto en la cárcel y por suerte, había salido sin carga. Tuvo que pagar algo seguramente. Ese hecho creó un sentimiento de rechazo al presidente en la comunidad. Siendo al mismo tiempo el presidente el que guarda las hostias consagradas en su propia casa, en condiciones que nadie conoce (cosa que no se entiende dentro del Derecho Canónico), y siendo él el distribuidor de la comunión en las asambleas de domingo, los cristianos empezaron a rechazar la comunión. Me dijeron que alguna vez se puso delante del altar para distribuir la comunión y nadie se atrevió a ir a comulgar. La mentalidad de aquí, siendo lo que es, todo el mundo creía que ese señor es realmente brujo y que no se sabía lo que hacía cada noche con la comunión guardada en su casa. ¡Qué barbaridad! El cuerpo de Cristo perdió así su sentido durante años.

Cuando me contaron toda esa historia, me quedé boca abierta. No sabía que añadir. Les dije sencillamente que lo mejor para todos era renovar el consejo de la capilla democráticamente como se suele hacer. Sabía muy bien que daba la razón a los que creen en la brujería pero no veía otra manera de salvar la unidad de la comunidad. A veces, uno tiene que elegir el mal menor.

En el momento en el que estoy escribiendo esta historia, ya se ha renovado el consejo y se ha depuesto al antiguo presidente.