Gaétan KABASHA

testimonio

Los héroes de la guerra

Escrito por gaetan 02-02-2014 en testimonio. Comentarios (0)


Los héroes de la guerra.

Se llama Xavier Fagba. Es sacerdote. Lleva un tiempo al frente de la parroquia de Boali, en las afueras de Bangui (República Centroafricana). Últimamente se ha hablado mucho de él y del diácono que le acompaña en su tarea pastoral. Los dos se encuentran envueltos en una espiral de violencia sin fin entre los seleka y los anti-balaka. De repente, tanto los cristianos como los musulmanes se encuentran amenazados por unos o por otros. ¿cómo es el tema?

El día 17 de enero, el padre Xavier se entera de que los anti-balaka preparan una limpieza general de todos los musulmanes de la localidad de Boali. Son miles en la selva, armados de machetes, lanzas, fusiles de caza. Todos se dicen cristianos pero en la práctica, son paganos. Están movidos por la venganza ciega y el derramamiento de sangre. Su objetivo es matar, mutilar, saquear, quemar al musulmán que llaman enemigo de la patria. Es una revancha después de ocho meses de dominio sanguinario de los seleka, asimilados a los musulmanes.

El padre Xavier se concierta rápidamente con su diácono. Decide ir al barrio de los musulmanes. Habla con sus dirigentes y les revela el plan de los anti-balaka. Les convence de salir de allí para refugiarse en la Iglesia Católica donde él se hará cargo de ellos. Deprisa, los musulmanes confían en él y le siguen a la iglesia. En este lapso de tiempo, aparecen los anti-balaka, furiosos, dispuestos a matar a todos incluidos los niños y ancianos. El padre se interpone. Con su sotana puesta, habla a los anti-balaka: “Yo también soy cristiano. No os puedo permitir matar a nadie dentro de mi iglesia. Vais a tener que matarme antes”. Cierra la iglesia con los musulmanes dentro, y se pone a la puerta de guardia. Entre tanto, llama a las tropas internacionales. La situación es tensa. El tiempo se prolonga. ¿Qué pasará? Los anti-balaka amenazan con quemar la iglesia. El cura no baja la guardia. Los musulmanes desgranan su rosario típico dentro, muertos de miedo. Finalmente, llegan las tropas francesas para custodiar la iglesia. Llegan tarde pero llegan.

El domingo siguiente, el cura tiene que decir misa. Pero la iglesia está llena de musulmanes supuestamente enemigos de los cristianos. Pide a los musulmanes que dejen un espacio grande para que los cristianos puedan asistir a misa. Aquel domingo, fue un domingo nunca visto en el mundo. Dos enemigos se miran y miran al cura en al altar. Por un lado los cristianos y por otro, los musulmanes. El cura habla de reconciliación, de perdón, de amor. Los cristianos le escuchan con una gran devoción. Los musulmanes también.

Por fuera, algunos anti-balaka siguen rondando, esperando que algún musulmán salga de la iglesia para caer bajo el peso del machete. No se atreven a entrar en la iglesia. Nadie sabe si es por respeto a Dios, o al cura o sencillamente por superstición. El hecho es que el padre Xavier, de momento, ha conseguido salvar a 800 personas.

Los casos como el de Xavier son numerosos en Centroáfrica. Durante este conflicto, los sacerdotes, y las religiosas hicieron acciones de alto heroísmo.

Hace poco hablaba con las hermanas ruandeses de Pk 14. El día 5 de diciembre, volvían de la misa cuando se desató el apocalipsis sobre Bangui. Se encontraron con un grupo de guerreros seleka, rabiosos. Les llevaron a un sitio alejado para matarlas. Pasaron todo el día con la punta del revolver sobre sus cabezas. Al final, uno de los jefes seleka decidió no matarlas. Les escoltó a su convento. El día siguiente, el mismo jefe volvió a visitarles al convento. Su visita no estaba desinteresada. Les querría pedir que fueran a llevar comida a un grupo de los suyos (musulmanes) desplazados, escondiéndose de los anti-balaka. Las hermanas aceptaron la propuesta con mucha amabilidad. Y así lo hicieron. Cada día se encargaban de llevar comida y agua a ese grupo, arriesgando su vida. Por un lado, en el camino podían encontrarse con los seleka que desconocían el tema. Por otro, si los anti-balaka se enteraran de que las hermanas llevaban comida a los musulmanes, les asimilarían a los cómplices. Pero al final, prevaleció el Evangelio: “amaos unos y otros”.

Más al norte de Centroáfrica, en Bouzoum, el padre Aurelio, un misionero italiano, está jugando al gato y al ratón con unos y otros. Primero tuvo que esconder a los cristianos contra los seleka. Ahora que la fuerza ha cambiado de bando, esconde a los musulmanes contra los anti-balaka. Su día a día consiste en ir de un lado a otro, a recoger los cadáveres y heridos o a intentar establecer cierto diálogo. Lo suyo es toda una larga historia.

Muchas parroquias se han convertido en refugios de los amenazados. Algunos conventos son ahora paritorios improvisados. La vida es dura. Pero también, dentro de esta desgracia, se va manifestando que existen personas transformadas por el Evangelio. Son héroes de la guerra.

Gaetan

 

El obispo de Bangassou cuenta

Escrito por gaetan 16-01-2014 en testimonio. Comentarios (0)


Navidad y fin de año en Centroáfrica 

¡¡Pobre Centroáfrica, no ya al borde del precipicio, sino bien dentro!! Ni la misa de Navidad, ni las fiestas de Año nuevo han hecho parar el crepitar de las balas ni han atenuado el miedo de los indefensos, mordidos sin piedad por los dientes de una violencia indiscriminada. Ya sabéis que Centroáfrica fue "conquistada" por un grupo islámico (Seleka) desde hace un año, más o menos enero 2013. Ya expliqué en otros artículos cómo en un solo año han llevado el país a la ruina, has destrozado los edificios gubernativos, han atacado  y saqueado sin piedad las misiones, también la nuestra de Bangassou, han desmigajado un pan horneado con el trabajo de muchos años. No me canso de decir que éstos rebeldes de lengua árabe y turbante nos han robado casi todo menos la fe. A principios de diciembre, casi un año después, hemos visto que muchos de los miles de mercenarios chadianos y sudaneses que los acompañaban en la odiosa ida, se volvían a casa,  llenos sus petates de ilusiones rotas y teléfonos portátiles robados. El pueblo centroafricano, durante 10 interminables meses, ha sido como un escuálido sparring con guantes de juguete delante de un gorila sin escrúpulos, recibiendo golpes sin verlos venir e incapaz de escabullirse del cuadrilátero. Sin mercenarios,  los Seleka se quedaron en posición de vulnerabilidad y el pueblo llano, los que han aguantado pisotones, moratones, pillajes y violaciones sin número durante este tiempo, se han envalentonado y atacan los Seleka por todos los flancos.

 El mes de diciembre 2013 ha sido caótico: centenas de miles de desplazados, cientos de ejecuciones, rapiñas y violencia  contra barrios de musulmanes, sobre todo en Bangui, la capital y en el norte, en ciudades como Bossangoa, Bouca, Bossanbele...

Visto el baño de sangre que se venía encima el 5 de diciembre pasado, (me pilló por casualidad en Bangui y me metí sin quererlo en un "fregao" en donde las balas pasaron rozando mi coche), el país necesitó ayuda de militares franceses y de otras nacionalidades (MISCA) para sosegar esa sed desenfrenada de venganza. Los dos bandos estaban bien delimitados. Por una parte los Seleka, en su mayoría musulmanes. Pero eran confundidos con todo musulmán, el 15% de los centroafricanos, haciendo una amalgama tan  injusta como horrible para mujeres, niños y ancianos. Por la otra, los no musulmanes, metidos en una olla que llamaron anti-balaka,  que RFI, Francia 24 y otros medios, mal llamaron "cristianos", y que realmente es un grupo heteróclito no musulmán, compuesto por jóvenes que demuestran su hartazgo de los abusos repetidos durante 10 meses de "reinado"  Seleka. Movidos por histerias colectivas y unidos  a piratas ocasionales, ese 5 de diciembre los anti-balaka  empezaron con una violencia indiscriminada que los militares (llegados a prisa y corriendo) se veían incapaces de parar. Dos soldados franceses y otros africanos pagaron con sus vidas el intento.

Hoy día, 7 de enero de 2014, las cosas en Centroáfrica están estancadas. Un sentimiento de impotencia planea sobre nuestras cabezas como la densa neblina de las mañanas que te impide ver a dos metros de tu nariz. La violencia que hemos vivido desde hace un mes en la capital y en el norte del país, ha sido desmedida y será difícil restaurar lo destrozado: edificios, convivencia inter-étnica, confianza mutua, actividades diarias, mercadillos y costumbres de sociedad... El entramado cotidiano se ha resquebrajado y no hay pegamento para recomponerlo, ni aguja para enhebrarlo, ni dinero para comprarlo nuevo. Tardará años en rehacerse.  Actualmente el país no funciona, los funcionarios no vienen a trabajar, nadie es pagado desde hace semanas y el caos es total. Salvo por algunas ONGs que se mueven para situaciones de urgencia, nadie hace nada, como tetanizados por el miedo. Médicos sin Fronteras están desbordados. A veces, confiesan ellos mismos, paralizados por estallidos repentes de violencia. Difícil hablar en positivo en una situación tan desesperanzadora.

El consulado español me dice que nos vayamos. Yo le digo amablemente que aquí está nuestra casa, que aquí hemos plantado nuestra tienda, que, aunque de verde descolorido, tenemos "la cara pintada color esperanza". Seguimos aquí con la gente sencilla, sentados junto a ellos para escucharlos y animarlos, porque ellos seguro que no han provocado nada, ni han insultado ni matado a nadie, ni han movido ninguna tecla para hacer estallar nada... Estos viejitos que acogemos en la Casa de la esperanza, ayer acusados de brujería, hoy ya no interesan a nadie, salvo a la Iglesia católica que los sigue cuidando y los mira con ternura. La gente sencilla, las madres de familia que se han refugiado desde hace un mes en alguna de las 23 parroquias de la capital para huir de la quema, ellas y sus hijos simplemente sufren las consecuencias de este zafarrancho de combate generalizado con el 10% de la población blandiendo machetes y kaláshnikov y el otro 90% huyendo y escondiéndose. Seguimos con el colegio abierto para que los niños estén distraídos, aquí en internet (que hemos reconstruido hace un mes después de que los Seleka nos lo hicieran añicos), estamos haciendo cursos de aprendizaje para ocupar el tiempo y que puedan llegar las noticias y las opiniones desde afuera para ser conocidas en Bangassou. El centro de salud funciona normalmente, porque también es verdad que los enfermos de sida en fase terminal no ven retroceder su enfermedad por causas políticas o de guerra de guerrillas. La enfermedad sigue imparable como las hojas del calendario y si no les llegan los antirretrovirales, se mueren. ¡A pesar de que llevamos más de un mes  con la pista cortada y no llegan medicinas, ni carburante, ni alimentos, ni nada de nada, mañana será mejor!

Mientras, en Bangassou y toda la zona, vivimos en una calma tensa, pero soportable.  Yo he pasado la Navidad en una zona de gente desplazada que han perdido todo (semillas, ropa, camas y enseres) quemadas 400 casas por el fuego de los Seleka. ¡¡Muchas horas sentado junto a ellos escuchándolos y contando sus lágrimas!! Les he dicho que se levanten, que pasen página, que la vida sigue, que recomenzar es la forma de salir. No sentarse a llorar durante meses. Que, como decía el Papa, la Magdalena, cuando tenía los ojos empañados, no reconoció a Jesús, sino que creyó que era "un jardinero". Sin la fe en el Resucitado es difícil aguantar el tirón..

Bangassou, 7 enero 2014  

Juanjo Aguirre, Obispo de Bangassou                 

Frente a la punta de pistola

Escrito por gaetan 21-10-2013 en testimonio. Comentarios (0)

Frente a la punta de la pistola

En estos momentos en que se habla del Domund en todas las iglesias del mundo, no dejo de pensar en las dificultades inherentes a la misión evangelizadora desde el principio del cristianismo hasta hoy. No hay misión sin obstáculo ni se vence al obstáculo de la misión sin fe. La fe es esta fuerza que nos invade enteramente y nos impulsa a ir a los confines de la tierra a pregonar la buena nueva sin miedo y, muchas veces, a costa de nuestra vida.

Pero, hoy, en lugar de hablar de las teorías de la Misión que casi todos conocemos, conviene fijarnos en algunos hechos concretos del día a día de algunos misioneros. Casi todos los misioneros llevan un cuaderno lleno de anécdotas curiosas, unas buenas otras no muy buenas, en las que relatan sus aventuras, sus encuentros y desencuentros, sus alegrías, sus penas. Lo que en general, sorprende a todos los que los oyen, es la alegría y la paz con las que cuentan estas aventuras como si no hubieran sido momentos muy graves e incluso peligrosos.

Hoy me voy extender sobre una anécdota que me contó hace poco en Madrid, una antigua colaboradora y gran amiga mía, la hermana Blanca Lidia.


Hace muy poco, la República Centroafricana fue invadida por unas bandas de guerreros musulmanes. Bajo la denominación de seleka, llegaron a tomar el poder  y se repartieron en todos los rincones del país, saqueando y haciendo todo tipo de vejaciones a la población.

La comunidad de las hermanas franciscanas de la Inmaculada Concepción de la cual forma parte la hermana Blanca vive en Bakouma, en el este del país. Poco antes que esos guerreros seleka llegaran allí, el obispo de Bangassou, viendo el peligro llegar, envió un avioneta para sacar a las hermanas de  este agujero y llevarlas a la capital. Pues, pensaba, no sin equivocarse, que la capital estaría a salvo del peligro.  Las hermanas, unánimemente, decidieron declinar la oferta del obispo y quedarse junto a la gente del lugar. Optaron por aquello que se suele llamar “la locura misionera”. Se trata de dar testimonio del amor de Dios a los pobres hasta las últimas consecuencias. Nadie sabe exactamente como se llega a esta decisión en el momento concreto en que tienes que elegir entre quedarte o irte. La Iglesia nunca obliga a nadie al martirio pero si que alaba a los mártires. El hecho es que las hermanas se quedaron en Bakouma, esperando vivir el calvario junto al pueblo.

Días después de aquella decisión, llegó la hora de la verdad. Un grupito de esos guerreros que no tienen más ley que el saqueo y la violación de los derechos básicos de la persona, llegó al convento en Bakouma, armados hasta los dientes. Se habían enterado de que las hermanas gestionaban el dinero de la escuela y tantos otros proyectos comunitarios. Encontraron a la hermana Blanca esperándoles. Uno de ellos, le apuntó con el kalachnikov, esta arma moderna de fabricación rusa que se vende más barato en África como si fuera un juguete o algo útil para los africanos. Empezó entonces este llamativo diálogo entre la hermana con los ojos en la boca de la metralleta y el guerrero, con los ojos rojos y hambrientos de sangre.

-  “ Dame todo el dinero que tienes o te mato” dijo el guerrero.

-  “Que yo sepa, no te debo nada. Todo el dinero lo tengo en un banco en la capital, a 900 km de aquí. Si quieres, me buscas un coche y vamos allá” respondió, con sangre fría, la hermana.

-  “¿No te das cuenta de que te voy a matar si juegas conmigo?” dijo el guerrero.

-  “Si me matas, Dios te juzgará por haber matado a un inocente” Respondió instantáneamente la hermana.

-  “Yo soy musulmán pero no creo en tu Dios. No creo que Dios me juzgue por haber matado a una impía” repuso el guerrero.

-  “Al mejor tu Dios no te juzgará pero estoy seguro de que no escaparás al juicio de tus antepasados. Te preguntarán el por qué has matado a un inocente”. Dijo sin titubear la hermana.

La hermana jugaba con el fuego sin saber que, como dice el evangelio, el Espíritu Santo estaba poniendo en su boca lo que tenía que decir. Nada más hablar de los antepasados, el guerrero bajó su arma, confundido y perplejo. No sabía ya si tenía que matar a la hermana y esperar el juicio de sus antepasados o dejar a la hermana y estar en paz con ellos. Al final, la fe tradicional venció sobre la fe musulmana de este hombre. Bajó la tensión. Pero no por eso, bajó sus exigencias de coger lo que no era suyo.

Al final, la hermana Blanca, viendo que lo más fuerte acababa de pasar, no quiso arriesgar una nueva aventura de este delincuente armado. Abrió su cajón y le entregó una pequeña cantidad del dinero que había reservado para esos tipos de desencuentros. Después de entregar el dinero al soldado, le dijo: “ahora me coges todo lo que tenía para vivir. Vuelve por favor a enterrarme porque voy a morir de hambre”. El guerrero, llevado por un sorprendente compasión  - si es que se puede llamar compasión -  cogió una pequeña parte del dinero recibido (o robado claro) y la entregó a la hermana para que no muriera de hambre. ¡Menuda generosidad!

Cuando la hermana contaba esta historia, riéndose como si se tratara de un cuentecillo de aventura sin más, los oyentes estaban sobrecogidos, maravillados, sorprendidos por esa capacidad que tienen los misioneros de relativizar los momentos duros para seguir adelante. Creo que lo hacen para no llegar a odiar a nadie o para no enfriar lo más importante que llevan dentro o sencillamente porque saben que es el Espíritu el que lleva toda la obra. Al fin y al cabo, los enemigos de Cristo te pueden quitar el cuerpo pero nunca el espíritu. Y además, el perdedor es el que quiere quitarte la vida y no lo consigue y lo único que consigue es el aumento de tu fe y de tu amor hacía él. Es la paradoja del Evangelio.

Gracias a Dios, las últimas noticias que me llegan dicen que los habitantes de Bakouma, armados de machetes de auto-defensa han conseguido expulsar a los seleka armados de kalachnikovs. En estos momentos, los seleka se han retirado a Nzacko. Bakouma está tranquilo. Esperemos que para mucho tiempo. Entre tanto, la querida hermana Blanca se retira de Bakouma y va a seguir su misión en América latina. Gracias por su testimonio.

Felicidades a todos los misioneros.


La semana santa con miedo

Escrito por gaetan 03-04-2010 en General. Comentarios (1)

La semana santa con miedo

Estamos celebrando una semana santa especial en nuestra diócesis. Muchas parroquias están bajo miedo de los rebeldes llamados "Tongo Tongo". Esos son ugandeses que hace más de veinte años combaten el gobierno del presidente Yoweri Museveni. A lo largo del tiempo, se vieron vencidos por el ejército oficial ugandés y tuvieron que salir del país hacia la República democrática del Congo, en la parte menos protegida del norte este. Durante todo el tiempo que estuvieron combatiendo en el norte de Uganda, dejaron detrás de ellos miles de muertes y cogieron miles de rehenes.  En algunos sitios, vaciaron las escuelas, transformando a los niños en combatientes. Es por eso que su jefe llamado Joseph Koni está siendo perseguido por la justicia internacional por los crímenes de guerra.

Cuando entraron en el Congo, el ejército de Museveni, bajo acuerdo del presidente de Congo, les persiguió. Nadie aquí podía imaginar entonces que pudieran dispersarse hasta aquí, cruzando miles de kilómetros andando, y dejando detrás de ellos llantos y amargura. Cruzaron todo el Congo. Algunos de ellos se quedaron en la parte de Ituri, otros en Dungu, otros en las partes menos habitadas de Ango-Digba y llegaron a la República Centroafricana entrando por Bambuti y Obo, las dos localidades siendo parte de la diócesis de Bangassou. Cuando entraron en Obo, hace poco más de dos años, cogieron a muchas personas y se quedaron con ellas hasta hoy. Alguna chica consiguió escapar de ellos y pudo contar todo lo que hacen en medio de la selva. Las chicas raptadas se convierten en mujeres de los jefes y los chicos aprenden a manejar las armas por fuerza. Todo el mundo pensaba entonces que el ataque era algo anecdótico y que el ejército nacional de Centroáfrica iba a expulsarles. No fue así.

El gobierno centroafricano firmó algunos acuerdos con el de Uganda para que los militares de Uganda pudieran acamparse en Obo con sus armas y municiones afín de llevar a cabo los ataques contra esos "Tongo Tongo", título dado a esos rebeldes ugandeses convertidos en rebeldes sin fronteras. Este nombre significa en Lingala "los que madrugan mucho" y vienen de los congoleños. Inicialmente se llaman LRA (Lord Resistance Army).

Cuando llegó el ejército ugandés, no volvieron a atacar directamente a los habitantes de Obo sino que empezaron a dispersarse otra vez, pasando por la selva que separa Obo de otras ciudades y empezaron a atacar otros poblados. Entre tanto, los habitantes de los poblados cercanos a Obo entraron por miedo en Obo y no se atreven hasta hoy a regresar o a ir a sus huertos, lo que provoca el hambre en la localidad.

Este año ha sido particularmente horroroso para nuestra diócesis. En Febrero, contra toda previsión, atacaron la ciudad de Nzacko (60 km al norte de Bakouma y 200 km al norte de Bangassou). Entraron en el mercado, cogieron todo lo que se come y se viste y llevaron a unas cincuenta personas. Unos días después, liberaron a muchos rehenes que habían andando casi doscientos kilómetros en la selva con más de cincuenta kilos sobre sus cabezas y bajo amenaza de muerte en todo momento. Mataron a dos personas.

Pocos días después, atacaron la localidad de Yalinga (60km de Nzacko más al norte). Llevaron también a unas cuantas personas. Desde entonces, no han dejando de sembrar pánico. En Rafai, atacaron dos veces: la primera vez, entraron en la Misión católica, encontraron a dos cooperantes franceses que obligaron a abrir todas las puertas de los curas. Saquearon todo lo que se podía llevar entre otras cosas la radio de comunicación. Gracias a Dios no hicieron daño a los cooperantes pero les hicieron tanto miedo que en cuanto pudieron, cogieron el avión, rumbo a Francia, dejando así las escuelas en las estaban enseñando. La segunda vez, en lugar de atacar Rafai centro, entraron en la localidad periférica llamada Agumar. Parece ser que esos cruzaron el río desde el Congo. Llegaron con tanta rabia que mataron a nueve personas a machetazos limpios. Llegaron hasta a quemar toda una familia en su casa. Ese acontecimiento fue a la base de la desesperación de la población. Todo el mundo dejó la ciudad para esconderse en la selva. Las hermanas franciscanas del Espíritu Santo salieron hasta Bangassou, cerrando así casi definitivamente las escuelas que estaban llevando. Rafai se ha convertido en una ciudad muerta y  la muerte anda por allí. Muy cerca de allí, en Dembia, mataron a algunas personas y llevaron otras.

En este momento, todo el mundo tiene miedo. nadie sabe qué esquema se utilisaría para acabar con esta situación de ni paz ni guerra. Los militares ugandeses no parecen hacen gran cosa. Los de nuestro país tampoco entran en la selva para perseguir a esos rebeldes. La gente está en la confusión.

Esta semana santa se está haciendo en un clima de desosiego interior. En Bakouma, teniendo a AREVA cerca, tenemos un mínimo de seguridad. La empresa francesa está ha conseguido convencer al gobierno para que ponga unos militares de manera permanente en la zona. También, bajo autorización oficial, todos los que tienen armas de casa, reconocidas o no, pueden protegerse con ellas. En la actualidad, encuentras en la calle a gente armada sin ser militar. A ver si llegan a evitar un ataque.

En otras parroquias de la diócesis no es así. En Obo, se está haciendo la semana santa rodeados de militares del gobierno por si acaso. En Rafai, el obispo ha tenido en coraje de ir allí a hacer el vía crucis donde hace poco se mató a gente. Es un gesto simbólico y un comportamiento de heroísmo de parte suyo.

Necesitamos una oración especial para que podamos salir de esta confusión. Con la oración de todos los que nos quieren, Dios nos escuchará. Todo con amor, Gaetan